20MINUTOS.ES. 21.07.2008
Los drogadictos que acuden a los centros de desintoxicación de Madrid tienen al enemigo en las propias puertas de estas clínicas. Por las inmediaciones de los centros pululan camellos que no tienen ningún reparo en ofrecer droga a las personas que están siguiendo un tratamiento de rehabilitación, según denuncian los responsables de Cruz Roja.
"Los enfermos son un reclamo. Si hay gente enganchada, hay gente ofreciendo droga", explica un coordinador de Cruz Roja en un reportaje publicado por el diario El País. Los vendedores de estupefacientes han encontrado en los centros de desintoxicación y en las unidades móviles un terreno donde hacer un negocio fácil a costa del tratamiento de estos enganchados.
Alrededor de estos centros se da otra modalidad de trapicheo. Algunos de los enfermos utilizan las pastillas que les dan en su tratamiento para conseguir droga, intercambiándolas con los camellos. También hay quien saca estos medicamentos del centro y los pone a la venta en la misma puerta de las clínicas.
Antes del año 2000 estas personas podían ser expulsados de los centros de ayuda si se descubría que negociaban con sus tratamientos. Sin embargo, ahora sólo se les puede amonestar, ya que, legalmente, son enfermo y no se les puede negar la asistencia médica.
martes, 29 de julio de 2008
El fin de la sanidad pública.
Por Digart3.
http://digart3.wordpress.com/2008/06/17/el-fin-de-la-sanidad-publica/
Lo público es un medio para alcanzar la excelencia en los servicios a los que tiene derecho el ciudadano.
Sin la aceptación y comprensión de ambos conceptos indispensables, la defensa de la sanidad está vacía de contenido.
Es noticia de actualidad que no hay facultativos suficientes para cubrir los puestos que requiere la sanidad pública en los próximos años. Las soluciones que plantean los gerifaltes que nos gobiernan pasan por meter inmigrantes, con supuestos títulos de medicina y enfermería, para ejercer en el sistema público de salud. Debido a la dificultad para validar los títulos de esta gente, se reducen los criterios necesarios para ejercer en nuestro país. A partir de ahora, la gripe se curará con escamas de lagartija mezcladas con ojos de murciélago. La otra opción es aumentar el número de facultades.
Sobre la primera solución, ya hay un antecedente en la península.
Recuerden la proliferación de dentistas, a finales de los 80 y principios de los 90, que se reprodujeron como hongos por España. Tiraron los precios de sus servicios y se cargaron la boca de medio país. Hoy ya no quedan más que las secuelas pues, ciertamente, han desaparecido, en su mayoría – solo quedan los diligentes-..
Sobre la segunda opción, que decir que no sea evidente: saturar el mercado de los facultativos con el fin de mantener los precios bajos, es decir, justificar los salarios ridículos que se pagan a médicos y enfermeros – no olvidemos que un error de estas personas puede ser fatal-. Ese es el objetivo de estas políticas para mejorar la santidad pública. Practica muy habitual en el resto de sectores profesionales, véase Derecho como paradigma.
Con tales medidas, el sistema público de salud está asegurado – o eso nos cuentan-. Pero… ¿Y la calidad?.
La izquierda tradicional arguye que esto es mejor que nada y que “lo importante” es la pervivencia del sistema de salud. Además, el hecho de ingresar inmigrantes en el circuito sanitario es muy políticamente correcto, por no hablar de que masificar la universidad es uno de los objetivos de esa izquierda mediocre qué, supuestamente, defiende al obrero. En otras palabras, prima la cantidad sobre la calidad.
Sobre el mismo tema, la derecha lo tiene aun más claro: “Esto es lo que hay. Si os gusta bien y si no, al sector privado”.
Seamos serios. La solución pasa por retribuir en función del valor – el merito- y el de los profesionales de la medicina es de los más altos. Nuestros médicos y enfermeros marchan a Europa donde los recompensan conforme a su auténtico valor. ¿Cómo se van a quedar aquí, donde cobran lo mismo que el primero que pasa con un título sin convalidar cuando ellos se han roto los codos durante años?. ¿Acaso es justo que cobre lo mismo un médico que ha dedicado más de la mitad de su tiempo a formarse que otro que se sacó el título en una de las 200.000 facultades sin pegar palo al agua?.
La lucha es por la sanidad pública y de calidad… las migajas, para quién las predica.
http://digart3.wordpress.com/2008/06/17/el-fin-de-la-sanidad-publica/
La izquierda tradicional y atávica, siempre fiel aliada de los tópicos y lemas pueriles, atascados en un pasado marcado por los ideales inoperantes predica - ya sean unos fieles servidores del capital, como son los partidos institucionales o unos boceras “revolucionarios pinta paredes” - como propia la defensa de la sanidad pública.
Y razón no les falta pues es lo público el objeto fundamental de su idiosincrasia. No comprenden, no obstante, que la calidad debe ser condición necesaria de lo público o su existencia será poco menos que ineficaz. El derecho de los ciudadanos a la sanidad pública es inviolable. Pero a una sanidad de calidad. Lo demás son soluciones ridículas, aun públicas.Lo público es un medio para alcanzar la excelencia en los servicios a los que tiene derecho el ciudadano.
Sin la aceptación y comprensión de ambos conceptos indispensables, la defensa de la sanidad está vacía de contenido.
Es noticia de actualidad que no hay facultativos suficientes para cubrir los puestos que requiere la sanidad pública en los próximos años. Las soluciones que plantean los gerifaltes que nos gobiernan pasan por meter inmigrantes, con supuestos títulos de medicina y enfermería, para ejercer en el sistema público de salud. Debido a la dificultad para validar los títulos de esta gente, se reducen los criterios necesarios para ejercer en nuestro país. A partir de ahora, la gripe se curará con escamas de lagartija mezcladas con ojos de murciélago. La otra opción es aumentar el número de facultades.
Sobre la primera solución, ya hay un antecedente en la península.
Recuerden la proliferación de dentistas, a finales de los 80 y principios de los 90, que se reprodujeron como hongos por España. Tiraron los precios de sus servicios y se cargaron la boca de medio país. Hoy ya no quedan más que las secuelas pues, ciertamente, han desaparecido, en su mayoría – solo quedan los diligentes-..
Sobre la segunda opción, que decir que no sea evidente: saturar el mercado de los facultativos con el fin de mantener los precios bajos, es decir, justificar los salarios ridículos que se pagan a médicos y enfermeros – no olvidemos que un error de estas personas puede ser fatal-. Ese es el objetivo de estas políticas para mejorar la santidad pública. Practica muy habitual en el resto de sectores profesionales, véase Derecho como paradigma.
Con tales medidas, el sistema público de salud está asegurado – o eso nos cuentan-. Pero… ¿Y la calidad?.
La izquierda tradicional arguye que esto es mejor que nada y que “lo importante” es la pervivencia del sistema de salud. Además, el hecho de ingresar inmigrantes en el circuito sanitario es muy políticamente correcto, por no hablar de que masificar la universidad es uno de los objetivos de esa izquierda mediocre qué, supuestamente, defiende al obrero. En otras palabras, prima la cantidad sobre la calidad.
Sobre el mismo tema, la derecha lo tiene aun más claro: “Esto es lo que hay. Si os gusta bien y si no, al sector privado”.
Seamos serios. La solución pasa por retribuir en función del valor – el merito- y el de los profesionales de la medicina es de los más altos. Nuestros médicos y enfermeros marchan a Europa donde los recompensan conforme a su auténtico valor. ¿Cómo se van a quedar aquí, donde cobran lo mismo que el primero que pasa con un título sin convalidar cuando ellos se han roto los codos durante años?. ¿Acaso es justo que cobre lo mismo un médico que ha dedicado más de la mitad de su tiempo a formarse que otro que se sacó el título en una de las 200.000 facultades sin pegar palo al agua?.
La lucha es por la sanidad pública y de calidad… las migajas, para quién las predica.
martes, 22 de julio de 2008
lunes, 21 de julio de 2008
Ocho de los diez parques naturales que hay en Madrid están "al borde del desastre"
O. F.. 17.07.2008
Autovías que atraviesan vegas de ríos, parques aislados por urbanizaciones, humedales convertidos en basureros... éste es el desolador panorama de ocho de los diez espacios naturales protegidos que hay en la comunidad.
Según este estudio, todos estos parques están "al borde del desastre" ya que, a pesar de estar protegidos, "los políticos se saltan las normas en pro de sus intereses económicos", afirma Jesús Sánchez.
Sólo dos de estas zonas se salvan de la quema: el Monumento Natural Arcipreste de Hita (Guadarrama) y el Hayedo de Montejo de la Sierra, ambos "en un estado muy aceptable", según Sánchez.
Los otros ocho espacios protegidos sufren multitud de problemas fruto del crecimiento urbanístico y de la construcción de vías de transporte. De hecho, son atravesados por 9 autopistas y autovías, 2 líneas de AVE, 25 carreteras de doble sentido y 4 líneas ferroviarias. Además, la falta de suelo hace que sean utilizados para verter escombros o para la construcción de tendidos eléctricos.
1. Parque Regional del curso medio del río Guadarrama: Son más de 22.000 hectáreas de encinares que discurren por el Guadarrama. Sobrevive rodeado de las urbanizaciones de Navalcarnero, Torrelodones y Brunete, que suelen verter sus aguas residuales al río, y sufriendo las edificaciones ilegales que se levantan en el mismo cauce (como la Catalifa, en Móstoles).
También le afecta mucho el polémico desdoblamiento de la M-501, la carretera de los pantanos.
2. Parque Regional en torno a los cursos bajos de los ríos Jarama y Manzanares: El Parque del Sureste es el que más problemas presenta a pesar de no ser el más grande (31.550 hectáreas). Tiene zonas de alto valor ecológico y arqueológico. Se ve amenazado por las actividades extractivas, la línea del AVE Madrid-Barcelona y el desarrollo urbanístico de 11 municipios. Además, se usa como escombrera de las obras de la M-30.
3. Parque Regional de la Cuenca Alta del río Manzanares: Da cobijo a varias aves protegidas, como el halcón peregrino. Es el más grande (52.796 hectáreas) y presenta 22 problemas medioambientales, algunos muy graves, como el futuro cierre de la M-50, torres de alta tensión y casas dispersas por su paisaje.
4. Parque Natural de Peñalara: Se sitúa en el monte de Peñalara, el más alto de Madrid. Es de los más aceptables, aunque de escasa superficie (768 hectáreas en Rascafría). Sus mayores peligros vienen de las estaciones de esquí de Valdesquí y Navacerrada, que causan mucha polución.
5. Soto del Henares: De 332 hectáreas, abarca el cauce del Henares, que sufre frecuentes vertidos de basuras. Además, las carreteras afectan a su vegetación. La cercana finca de investigación agroalimentaria de El Encín podría acabar como campo de golf.
6. Reserva Natural El Regajal-Mar de Ontígola: Humedal de 629 hectáreas. En él habitan especies de mariposas y aves muy amenazadas. Es una isla dentro de un mar de carreteras y vías de tren. También hay basureros descontrolados y actividades extractivas en fincas.
7. Paraje Pintoresco de El Pinar de Abantos y zona de la Herrería: San Lorenzo de El Escorial está urbanizando hasta los límites del parque. Incluso hay algunos chalés que ya han ocupado partes restringidas. Un campo de golf próximo daña su suelo. También es frecuente el paso de quads, pese a estar prohibido.
8. Refugio de Fauna de Laguna de San Juan: Laguna 47 hectáreas al margen del río Tajuña. El uso de pesticidas y abonos de los campos agrícolas contaminan su agua.
Autovías que atraviesan vegas de ríos, parques aislados por urbanizaciones, humedales convertidos en basureros... éste es el desolador panorama de ocho de los diez espacios naturales protegidos que hay en la comunidad.
Según este estudio, todos estos parques están "al borde del desastre" ya que, a pesar de estar protegidos, "los políticos se saltan las normas en pro de sus intereses económicos", afirma Jesús Sánchez.
Sólo dos de estas zonas se salvan de la quema: el Monumento Natural Arcipreste de Hita (Guadarrama) y el Hayedo de Montejo de la Sierra, ambos "en un estado muy aceptable", según Sánchez.
Los otros ocho espacios protegidos sufren multitud de problemas fruto del crecimiento urbanístico y de la construcción de vías de transporte. De hecho, son atravesados por 9 autopistas y autovías, 2 líneas de AVE, 25 carreteras de doble sentido y 4 líneas ferroviarias. Además, la falta de suelo hace que sean utilizados para verter escombros o para la construcción de tendidos eléctricos.
1. Parque Regional del curso medio del río Guadarrama: Son más de 22.000 hectáreas de encinares que discurren por el Guadarrama. Sobrevive rodeado de las urbanizaciones de Navalcarnero, Torrelodones y Brunete, que suelen verter sus aguas residuales al río, y sufriendo las edificaciones ilegales que se levantan en el mismo cauce (como la Catalifa, en Móstoles).
También le afecta mucho el polémico desdoblamiento de la M-501, la carretera de los pantanos.
2. Parque Regional en torno a los cursos bajos de los ríos Jarama y Manzanares: El Parque del Sureste es el que más problemas presenta a pesar de no ser el más grande (31.550 hectáreas). Tiene zonas de alto valor ecológico y arqueológico. Se ve amenazado por las actividades extractivas, la línea del AVE Madrid-Barcelona y el desarrollo urbanístico de 11 municipios. Además, se usa como escombrera de las obras de la M-30.
3. Parque Regional de la Cuenca Alta del río Manzanares: Da cobijo a varias aves protegidas, como el halcón peregrino. Es el más grande (52.796 hectáreas) y presenta 22 problemas medioambientales, algunos muy graves, como el futuro cierre de la M-50, torres de alta tensión y casas dispersas por su paisaje.
4. Parque Natural de Peñalara: Se sitúa en el monte de Peñalara, el más alto de Madrid. Es de los más aceptables, aunque de escasa superficie (768 hectáreas en Rascafría). Sus mayores peligros vienen de las estaciones de esquí de Valdesquí y Navacerrada, que causan mucha polución.
5. Soto del Henares: De 332 hectáreas, abarca el cauce del Henares, que sufre frecuentes vertidos de basuras. Además, las carreteras afectan a su vegetación. La cercana finca de investigación agroalimentaria de El Encín podría acabar como campo de golf.
6. Reserva Natural El Regajal-Mar de Ontígola: Humedal de 629 hectáreas. En él habitan especies de mariposas y aves muy amenazadas. Es una isla dentro de un mar de carreteras y vías de tren. También hay basureros descontrolados y actividades extractivas en fincas.
7. Paraje Pintoresco de El Pinar de Abantos y zona de la Herrería: San Lorenzo de El Escorial está urbanizando hasta los límites del parque. Incluso hay algunos chalés que ya han ocupado partes restringidas. Un campo de golf próximo daña su suelo. También es frecuente el paso de quads, pese a estar prohibido.
8. Refugio de Fauna de Laguna de San Juan: Laguna 47 hectáreas al margen del río Tajuña. El uso de pesticidas y abonos de los campos agrícolas contaminan su agua.
martes, 8 de julio de 2008
Totalitarismo hipotecario (o las hipotecas de por vida como arma de control social)
Por la importancia del siguiente texto procedemos a su reproducción.
Escrito por Rafael Leonisio
En los tiempos que corren el poder ha encontrado un nuevo mecanismo para controlar a los ciudadanos: atarles de por vida a una hipoteca que les impide no sólo protestar y reclamar sus derechos más básicos sino que también supedita su vida cotidiana hasta límites insospechados. Es, en definitiva, un nuevo totalitarismo que a diferencia de los del siglo pasado no está dirigido por el Estado sino por la gran banca ayudada por éste último.
En términos sociológicos podríamos definir el control social cómo una serie de mecanismos reguladores del statu quo imperante. Mediante ellos, por una parte, se presiona al individuo para adherirse a las normas y, por otra, se reprimen las manifestaciones de conductas desviadas. A lo largo de la Historia han existido muchas y variadas formas de control social: esclavismo, adscripción a la tierra, religión o la propia policía. A través de estos instrumentos la minoría privilegiada y poderosa ha ejercido su control sobre la mayoría para seguir disfrutando de su privilegiada posición.
En este siglo algunos de estos mecanismos son algo más sutiles. En España tenemos un claro ejemplo de ello en las hipotecas de por vida. Y es que si en la Edad Media existían los siervos de la gleba ahora lo que se estila son los siervos de la banca. Las clases no detentadoras de poder (las masas, podríamos llamarlas) han pasado de estar adscritas a una tierra de la que dependía su sustento a estar adscritas a una hipoteca de la que depende su bienestar material. ¿Es este tipo de deuda un tipo de control social? Puede parecer exagerada esta definición pero el hipotecado a largo plazo, al igual que el campesino medieval o el esclavo en la edad antigua, ha dejado de ser libre y su vida queda supeditada a algo ajeno a sí mismo. No hablamos ya de que un pseudopropietario como el hipotecado de por vida, debido a su situación, tienda ideológicamente de manera inexorable hacia el polo conservador (es dudoso que alguien con el agua al cuello se torne en exceso levantisco con el poder) sino que esta situación afecta a los aspectos más personales de su vida cotidiana: ¿es libre para protestar en el trabajo? ¿y para despedirse y buscar otra cosa mejor? ¿y para cambiar de ciudad? ¿se atreverá a divorciarse? ¿tendrá todos los hijos que desee?
La verdad es que la cuestión de las hipotecas ad eternum está dando y dará que hablar por constituir el gran problema de esa generación que ahora mismo se encuentra en torno a la treintena. Gente que para poder emanciparse ha tenido que endeudarse hasta el límite, despojándose de una gran parte de lo que ganará en su vida para repartirlo, casi a partes iguales, entre el pequeño o gran especulador de turno y el banco o caja que ha tenido la crueldad (y el buen ojo para sus intereses) de atarle a su entidad para siempre. Personas que arrastrarán durante toda su vida una deuda que les impedirá actuar con la poca libertad que nos permite nuestro sistema actual; y que sin duda se verán frustradas al no estar a su alcance muchos de los bienes materiales que, como miembros activos de esta sociedad consumista, sin duda ansiarán. Estos actuales jóvenes hipotecados a tipo variable verán subir su deuda a una velocidad mayor que sus sueldos y se verán privados de esas vacaciones que tanto ansían, de la tranquilidad de tener un seguro a todo riesgo para el coche o de simplemente salir de cena o tomar una copa con los amigos.
Y no sólo eso. El nivel de endeudamiento ha crecido a tales límites que quizá no sería aventurado hablar de una nueva clase de pobres-propietarios : personas, en su mayoría jóvenes de esta generación maldita, cuyo sueldo llega sólo prácticamente para cubrir su deuda hipotecaria con el banco. Estos neopobres, con una espada de Damocles en forma de desahucio sobre su cabeza, sólo podrían “consumir” vivienda y por tanto quedarían fuera de la dinámica de nuestra sociedad comercial y de consumo. Además, dependerían no sólo del banco sino de sus familias (u otros allegados) para satisfacer ciertas necesidades muy básicas (luz, agua, comida) o no tanto (cuidado de niños, cultura, salud no cubierta por el sistema público) porque simplemente “no les llega”. Atados de por vida a un nicho de ladrillos pronto se darán cuenta de que si democracia significa “poder del pueblo” es irónico decir que nos hallamos en una. Ellos más que nadie sabrán bien quien tiene la sartén por el mango: las entidades financieras, dueños y señores de lo que, estirando hasta el límite el argumento, podríamos definir como bancocracia.
En los totalitarismos del siglo XX el Estado trataba de controlar todos los aspectos de la vida nacional, de manera que nadie era libre. No sólo para atentar de alguna manera contra el régimen sino tampoco para actuar en su vida cotidiana de una manera que desagradara a la ideología de las autoridades. Como acabamos de ver, los proyectos de vitales de los ahora jóvenes (que serán ancianos cuando salden su deuda) están supeditados a su precaria situación financiera (a lo que se une su precaria situación laboral, la otra cara de la moneda de este asunto). Es decir, su vida privada, sus sueños o su capacidad de prosperar como personas se ve atada a un totalitarismo de nuevo cuño. Porque ya no es un Estado omnipresente, un dictador caprichoso o un gobierno tirano. Ahora no son los poderes públicos quienes ejercen el control sino que son el mercado y los grupos económicos de poder los que tienen más capacidad de decisión sobre la vida de los individuos. Puede ser ésta incluso una situación peor que la anterior ya que en este nuevo totalitarismo el verdadero poder, resguardado tras el parapeto de ese Estado que parece que manda, es más difuso y por tanto más difícil de combatir.
Dificultad a la que se le añade el hecho de que nuestros gobernantes ayudan a quien de verdad detenta el poder en ejercer su control sobre la ciudadanía. Y es que entre las hipotecas de por vida, el fútbol a todas horas, los programas del corazón y la Fórmula 1 (nueva devoción inducida por las televisiones) los grandes poderes económicos, políticos y mediáticos (si es que es correcto usar el plural) están tratando de adocenar a unos ciudadanos si no potencialmente revolucionarios (sería mucho pedir en la opulenta sociedad del bienestar material) sí potencialmente reivindicadores de sus derechos más básicos. Abandonada por tanto una de las más básicas obligaciones del poder público, defender a los individuos de los abusos del mercado, quedan los Movimientos Sociales como únicos garantes de hacer la pedagogía necesaria para que poco a poco no nos quedemos por completo alienados y la gran banca se convierta en nuestro nuevo Gran Hermano. El orwelliano, por supuesto.
RAFAEL LEONISIO. Investigador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU).
Escrito por Rafael Leonisio
En los tiempos que corren el poder ha encontrado un nuevo mecanismo para controlar a los ciudadanos: atarles de por vida a una hipoteca que les impide no sólo protestar y reclamar sus derechos más básicos sino que también supedita su vida cotidiana hasta límites insospechados. Es, en definitiva, un nuevo totalitarismo que a diferencia de los del siglo pasado no está dirigido por el Estado sino por la gran banca ayudada por éste último.
En términos sociológicos podríamos definir el control social cómo una serie de mecanismos reguladores del statu quo imperante. Mediante ellos, por una parte, se presiona al individuo para adherirse a las normas y, por otra, se reprimen las manifestaciones de conductas desviadas. A lo largo de la Historia han existido muchas y variadas formas de control social: esclavismo, adscripción a la tierra, religión o la propia policía. A través de estos instrumentos la minoría privilegiada y poderosa ha ejercido su control sobre la mayoría para seguir disfrutando de su privilegiada posición.
En este siglo algunos de estos mecanismos son algo más sutiles. En España tenemos un claro ejemplo de ello en las hipotecas de por vida. Y es que si en la Edad Media existían los siervos de la gleba ahora lo que se estila son los siervos de la banca. Las clases no detentadoras de poder (las masas, podríamos llamarlas) han pasado de estar adscritas a una tierra de la que dependía su sustento a estar adscritas a una hipoteca de la que depende su bienestar material. ¿Es este tipo de deuda un tipo de control social? Puede parecer exagerada esta definición pero el hipotecado a largo plazo, al igual que el campesino medieval o el esclavo en la edad antigua, ha dejado de ser libre y su vida queda supeditada a algo ajeno a sí mismo. No hablamos ya de que un pseudopropietario como el hipotecado de por vida, debido a su situación, tienda ideológicamente de manera inexorable hacia el polo conservador (es dudoso que alguien con el agua al cuello se torne en exceso levantisco con el poder) sino que esta situación afecta a los aspectos más personales de su vida cotidiana: ¿es libre para protestar en el trabajo? ¿y para despedirse y buscar otra cosa mejor? ¿y para cambiar de ciudad? ¿se atreverá a divorciarse? ¿tendrá todos los hijos que desee?
La verdad es que la cuestión de las hipotecas ad eternum está dando y dará que hablar por constituir el gran problema de esa generación que ahora mismo se encuentra en torno a la treintena. Gente que para poder emanciparse ha tenido que endeudarse hasta el límite, despojándose de una gran parte de lo que ganará en su vida para repartirlo, casi a partes iguales, entre el pequeño o gran especulador de turno y el banco o caja que ha tenido la crueldad (y el buen ojo para sus intereses) de atarle a su entidad para siempre. Personas que arrastrarán durante toda su vida una deuda que les impedirá actuar con la poca libertad que nos permite nuestro sistema actual; y que sin duda se verán frustradas al no estar a su alcance muchos de los bienes materiales que, como miembros activos de esta sociedad consumista, sin duda ansiarán. Estos actuales jóvenes hipotecados a tipo variable verán subir su deuda a una velocidad mayor que sus sueldos y se verán privados de esas vacaciones que tanto ansían, de la tranquilidad de tener un seguro a todo riesgo para el coche o de simplemente salir de cena o tomar una copa con los amigos.
Y no sólo eso. El nivel de endeudamiento ha crecido a tales límites que quizá no sería aventurado hablar de una nueva clase de pobres-propietarios : personas, en su mayoría jóvenes de esta generación maldita, cuyo sueldo llega sólo prácticamente para cubrir su deuda hipotecaria con el banco. Estos neopobres, con una espada de Damocles en forma de desahucio sobre su cabeza, sólo podrían “consumir” vivienda y por tanto quedarían fuera de la dinámica de nuestra sociedad comercial y de consumo. Además, dependerían no sólo del banco sino de sus familias (u otros allegados) para satisfacer ciertas necesidades muy básicas (luz, agua, comida) o no tanto (cuidado de niños, cultura, salud no cubierta por el sistema público) porque simplemente “no les llega”. Atados de por vida a un nicho de ladrillos pronto se darán cuenta de que si democracia significa “poder del pueblo” es irónico decir que nos hallamos en una. Ellos más que nadie sabrán bien quien tiene la sartén por el mango: las entidades financieras, dueños y señores de lo que, estirando hasta el límite el argumento, podríamos definir como bancocracia.
En los totalitarismos del siglo XX el Estado trataba de controlar todos los aspectos de la vida nacional, de manera que nadie era libre. No sólo para atentar de alguna manera contra el régimen sino tampoco para actuar en su vida cotidiana de una manera que desagradara a la ideología de las autoridades. Como acabamos de ver, los proyectos de vitales de los ahora jóvenes (que serán ancianos cuando salden su deuda) están supeditados a su precaria situación financiera (a lo que se une su precaria situación laboral, la otra cara de la moneda de este asunto). Es decir, su vida privada, sus sueños o su capacidad de prosperar como personas se ve atada a un totalitarismo de nuevo cuño. Porque ya no es un Estado omnipresente, un dictador caprichoso o un gobierno tirano. Ahora no son los poderes públicos quienes ejercen el control sino que son el mercado y los grupos económicos de poder los que tienen más capacidad de decisión sobre la vida de los individuos. Puede ser ésta incluso una situación peor que la anterior ya que en este nuevo totalitarismo el verdadero poder, resguardado tras el parapeto de ese Estado que parece que manda, es más difuso y por tanto más difícil de combatir.
Dificultad a la que se le añade el hecho de que nuestros gobernantes ayudan a quien de verdad detenta el poder en ejercer su control sobre la ciudadanía. Y es que entre las hipotecas de por vida, el fútbol a todas horas, los programas del corazón y la Fórmula 1 (nueva devoción inducida por las televisiones) los grandes poderes económicos, políticos y mediáticos (si es que es correcto usar el plural) están tratando de adocenar a unos ciudadanos si no potencialmente revolucionarios (sería mucho pedir en la opulenta sociedad del bienestar material) sí potencialmente reivindicadores de sus derechos más básicos. Abandonada por tanto una de las más básicas obligaciones del poder público, defender a los individuos de los abusos del mercado, quedan los Movimientos Sociales como únicos garantes de hacer la pedagogía necesaria para que poco a poco no nos quedemos por completo alienados y la gran banca se convierta en nuestro nuevo Gran Hermano. El orwelliano, por supuesto.
RAFAEL LEONISIO. Investigador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU).
viernes, 4 de julio de 2008
Por mucho que participen...
Hemos sido testigos de cómo de nuevo, aprovechando el tirón de una competición deportiva como es la "Eurocopa" y de cara a la gran espectación que este tipo de eventos provoca en la masa espectadora, siguen intentando colarnos a equipos nacionales como el perteneciente a Turquía. Y eso que Israel no consiguió clasificarse... Pero en "Eurovisión" sí llegan a participar. Y poco a poco se va comprobando ese dicho que dice que "una mentira contada mil veces se convierte en verdad", y más cuando son los medios de "des-información masiva" y sobre todo la "caja tonta" las que se encargan de ello. Desgraciadamente la población, alienada como está y sin hambre de conocimiento, sólo se cree lo que sucede, y que sólo sucede y sucede de esa manera, según le cuentan dichos medios.
Desde el MSR-MADRID nos comprometemos a decir al pueblo lo que verdaderamente sucede sin pelos en la lengua porque decir hoy día la verdad es un acto revolucionario.
¡¡ TURQUÍA NO ES EUROPA !!...
E ISRAEL...TAMPOCO !!
MSR-MADRID. Secretaría de Comunicación

miércoles, 2 de julio de 2008
Operación...Acción !!
Comienzan las vacaciones estivales y con ellas llegan las retenciones en salidas y entradas de las grandes ciudades. Es por esto que el MSR-MADRID ha comenzado una campaña de información y protesta que se transmitirá al viajero mediante pancartas en puentes y pasarelas sobre las principales vías de la región.
de los bancos y consentido por los políticos.
¡¡ SIGUE LA LLAMA !!
¡¡ SIGUE LA LLAMA !!
martes, 1 de julio de 2008
MSR NAVARRA
Con esperanza y mucho ánimo comunicamos que se ha establecido una nueva delegación en las tierras del norte. Desde aquí desearles todo lo mejor a nuestros camaradas.
Salud y Revolución
¡¡ SIGUE LA LLAMA !!

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