jueves, 1 de octubre de 2009

Más valores, más integridad y menos camaritas


Hace unos días comenzaron a funcionar 31 nuevas cámaras en la calle Montera de Madrid, que se unen a las ya existentes en otros puntos del centro de la capital, para, supuestamente, disminuir la inseguridad de la zona. En concreto, en Montera, aunque no lo han dicho públicamente, el motivo está claro que es intentar ahuyentar a las prostitutas de dicha calle. Se ha recalcado que con este sistema se preservará la intimidad de los viandantes, ante lo cual nosotros nos preguntamos, ¿qué intimidad se preserva cuando te están grabando a cada paso? Por otra parte, ¿alguien de verdad cree que va a solucionar algo poniendo cámaras en una calle? Como mucho, el problema se trasladará a zonas adyacentes, gran solución a cambio de la pérdida de nuestra intimidad. Ante ello, ¿irán instalando cámaras en cada calle donde se vayan moviendo los problemas, hasta que toda la ciudad esté plagada, y cada paso nuestro vigilado? Sin duda, por parte de los de arriba no habría problema, un gran hermano masivo, en el cual cada paso nuestro esté controlado, ¿Qué más podrían pedir nuestros gobernantes? Aunque pensándolo bien, tampoco estamos lejos de esa situación, cámaras en bancos, comercios, hipermercados… control total.

Centrémonos ahora en el problema que supuestamente quieren erradicar: la prostitución. Precisamente ahora que los medios fomentan un debate en torno a su legalización, y la mejora en cuanto a seguridad y condiciones de trabajo de las meretrices supondría. Bien. No negamos que una regularización traería una cierta mejora respecto a la situación actual. Sin embargo, no todas las que piensan, ya que seguiría habiendo prostitución ilegal con todo lo que ello supone, ya que ni todas las prostitutas ni sobre todo sus “chulos” aceptarían trabajar en un local, ni darlas de alta en la Seguridad Social, no pasar controles periódicos… mención aparte de todas las que vienen ilegalmente y engañadas. Aún así, asumiendo las ventajas que una regularización podría tener, esa no es la solución. Y no lo es porque, como de costumbre, se enfoca el problema desde un punto de vista puramente material, sin ir a las raíces.


De siempre se ha dicho que la prostitución es el oficio más antiguo del mundo, que es imposible de erradicar, que siempre habrá potenciales clientes… Empezando por que los oficios más antiguos son los de cazador y recolector, y que por entonces el sexo se vivía como algo libre y desinhibido, por lo cual alejado de cualquier concepción mercantilista, y continuando con que efectivamente es antiguo, concretamente vivió su auge en las últimas centurias del imperio romano, en la época de caos y degradación que llevó al traste al imperio… dicho de otro modo, la prostitución siempre ha estado ligada a sociedades decadentes y mediocres (por lo cual es lógico el repunte en la sociedad actual), siendo prácticamente inexistente en sociedades ordenadas.

Sobre los potenciales clientes, es evidente que si no existiesen no habría prostitución. El problema es que se da por sentado que esos clientes tienen que existir necesariamente. Aquí nos topamos con un problema de valores. En una sociedad como la actual, donde todo se materializa, el sexo no podía ser menos. Éste es reducido a un mero placer y vicio, a lo cual se une una concepción de la mujer que en muchos casos la limita a un objeto sexual. Si a esto le añadimos que impera la ley del mínimo esfuerzo, y la renuncia a todo lo que implique sacrificio y trabajo, pues ahí tenemos a los potenciales clientes. Si la mentalidad reinante es “para que esforzarse por algo, pudiendo pagarlo”, es lógico llegar a estas bajezas. Y es que ya no es solo el hecho de pagar por conseguir algo que se podría lograr luchando por ello y uniéndolo a sentimientos más elevados como el amor, sino el saber que gracias a ello y a la incapacidad para conseguir nada, se está explotando a un ser humano y lucrando a un mafioso.

Para terminar, un último problema derivado de la concepción materialista y desvalorizada de la existencia es el hecho de haber convertido el “irse de putas” en algo que “mola”, algo guay, en lugar de ser algo de lo que avergonzarse. Es un problema muy similar a lo que ocurre con otros problemas sociales, como las drogas o la anorexia. A esto sin duda ayuda el constante bombardeo de sexo tanto en publicidad como en la televisión, especialmente en las series chorras para adolescentes. Y para rematarlo, la concepción de la relación entre sexos, en la cual lo aburrido es el matrimonio o la relación seria, mientras que lo divertido es el estar con una cada noche o poner los cuernos.

En resumen, el problema de la prostitución es algo que supera el debate simple que se da en torno al tema, ya que empieza siendo un problema de educación y valores. Por tanto, solo se podría apoyar una regularización en cuanto una medida temporal, en tanto se realice una inversión total de valores. Una vez conseguida esta, no habría clientes, por lo cual no habría prostitución, ni mafias ni explotación. Por lo tanto, más valores, más integridad y menos camaritas.

Secretaría de Comunicación del MSR-Madrid. Federación Centro.