Mostrando entradas con la etiqueta Ensayo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ensayo. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de julio de 2009

Cultura Alternativa XIX


Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980).

La Aventura de la Vida (Radio Nacional de España).

“Luego, cuando se habían retirado los rebaños, que venían oliendo a lana mojada y a historia antigua, contemplábamos el perfil recio y violento de los pastores, semidioses de mi infancia, portadores de historias fabulosas, con aromas de tomillo: nobles y bravos hijos –sin cota de malla- del Cid Campeador.”

viernes, 19 de junio de 2009

Cultura Alternativa XVIII

José Ortiz Echagüe (1886-1980).


[Ilustración: Fotografía de José Ortiz Echagüe, de su libro "España. Castillos y Alcázares".]

Ortiz Echagüe. Fotografías 1903-1964. Ortiz Echagüe y la Realidad.

[...] En su origen, nos dice, el castillo fue una torre. Comparándolos con los floridos, suaves y amables castillos franceses, los nuestros son broncos, austeros, incómodos, alertados. Descendieron poco a poco hacia el sur, a saltos, como una avanzada de guerreros gigantescos y terribles, encaramados a las peñas, avizorando el páramo, petulantes unas veces y camuflados otras, insomnes y sin piedad.

Pero acabada la guerra, comienza su decadencia. “La reconquista -escribe- ha quedado consumada. Los Reyes Católicos, ante nuevas rebeldías de la nobleza, reiteran sus órdenes de demolición de torres y castillos y prohíben levantar otros nuevos. ‘Ordenamos y mandamos que los castillos viejos y las peñas bravas y otras fortalezas y cuevas que en el nuestro suelo y en el abadengo y ajeno fueron o fueran de aquí adelante edificados sean luego demolidos y derribados’. Los que se consideraban apropiados todavía para la defensa se pusieron bajo la custodia real con guarnición de peones, caballeros, ballesteros, lanceros, espingarderos, atalayeros, escuchas, etc., bajo las órdenes de un alcaide, de nombramiento real. Todo ello acabará por desaparecer en el siglo XVI, a partir del cual la mayor parte de los castillos comenzaron a convertirse en canteras”.

Ahora podemos volver a las imágenes porque vemos las ruinas pero también escuchamos los ecos, contemplamos la historia de una violencia que construye y de una paz que derrumba. La biografía paradójica de los castillos.

[...]

Texto de José Antonio Marina citando el libro “España. Castillos y Alcázares” de Ortiz Echagüe.

domingo, 1 de febrero de 2009

Cultura Alternativa XIII


Tomislav Sunic (1953).

Génesis de lo “políticamente correcto”.

[…]

La primera conclusión que se puede extraer del lenguaje políticamente correcto es la siguiente: en lugar de disminuir el conflicto, lo aumenta; en lugar de crear un diálogo identitario, lo destruye; en lugar de respetar a los otros, los demoniza. El lenguaje liberal, a la manera del lenguaje soviético, es por esencia conflictivo. Suele recurrir a los sustantivos y adjetivos del mundo zoológico o del mundo médico; tales como “la bestia inmunda fascista” o “la paranoia fascista”. Suscita siempre sentimientos primarios.

Comparados con Europa, los Estados Unidos, aun siendo un país muy secularizado, siguen estando, sin embargo, muy marcados por los «grandes relatos» moralistas salidos de la Biblia; ningún otro país sobre la tierra ha conocido semejante grado de hipermoralismo parabíblico, en el que Arnold Gehlen ve «una nueva religión humanitaria»1. No obstante, tras la segunda guerra mundial, el lenguaje puritano sufrió una mutación profunda al contacto con el lenguaje marxista usado en Europa, vehiculado por los intelectuales de la escuela de Francfort, o inspirado por ellos, refugiados en los Estados Unidos y más tarde instalados en las grandes escuelas y universidades occidentales. Son aquellos que tras la guerra comenzaron a actuar en los medios de comunicación y en la educación de Europa, y que jugaron un papel decisivo en el establecimiento del “pensamiento único” moderno. Es pues de la conjunción entre el hipermoralismo americano y las ideas freudo-marxistas en ese medio como surgió el fenómeno actual de lo políticamente correcto.

Se sabe que los Estados Unidos nunca han tenido como única razón la conquista militar, sino el deseo de traer a los malpensantes, ya fueran indios, nazis, comunistas, y hoy islamistas, el feliz mensaje del democratismo al modo americano, incluso con el acompañamiento del bombardeo masivo de las poblaciones civiles. Este objetivo se cumplió enormemente hacia el final de la segunda guerra mundial, cuando América, como principal gran potencia, se instala en su papel de reeducadora de la vieja Europa. Y en los años ulteriores, el léxico americano, en su versión soft y liberal-puritana, jugará incluso un papel mucho mayor por parte de los medios occidentales que por la verborrea utilizada por los comunistas europeos del este y sus simpatizantes. Hoy la herencia americano-calvinista ha perdido su contenido teológico en el discurso moderno; se ha transformado en un moralismo inquisitorial que pregona el evangelio liberal de los derechos del hombre y el multiculturalismo universal.

1 Arnold Gehlen, Moral und Hypermoral (Vittorio Klostermann GmBH, Francfort 2004, pág. 78).

viernes, 16 de enero de 2009

Cultura Alternativa XII

[En la fotografía, los adalides proetarras autodenominados "antifascistas" impiden hablar en un mitin legal al filósofo Jaume Farrerons].

Jaume Farrerons (1961).

Europa · Socialismo · Identidad.

Europa, Nuestra Única Patria.

Desde el final de nuestra gran guerra civil (1914-1945), los europeos hemos dejado de ser el centro de la civilización occidental, extendida a escala planetaria, para pasar a convertirnos en un mero apéndice del mercado común mundial liderado por los Estados Unidos. Como ciudadanos, carecemos de una patria digna de ese nombre, circunstancia que hace imposible el surgimiento en nuestra sociedad de una auténtica conciencia cívica. Somos seres humanos éticamente castrados, y nos hemos recluido en los pequeños placeres de la vida cotidiana y de la sociedad consumista porque carecemos de la posibilidad de servir a la causa de un gran proyecto histórico. Los Estados de los que formamos parte ostentan el rango de meras unidades administrativas económicas y están exentos de toda entidad política. El último país de Europa capaz de hacer frente a los norteamericanos en un plano de igualdad, la Unión Soviética, ya no existe y se suma, con Alemania, a la lista de los rivales que los EEUU han puesto fuera de combate como sujetos políticos soberanos susceptibles de decisiones históricas de alcance mundial. En definitiva, expulsados de la política, los europeos hemos sido reducidos a la categoría de productores, consumidores y contribuyentes, mientras en Bruselas, franquicia de Wall Street, y siempre de espaldas a todo genuino procedimiento democrático, se cuecen las directrices históricas reales, las del pensamiento único economicista, destinadas a hacer de nuestra sociedad una fotocopia del universo americano supeditada políticamente a Washington.

Consecuentemente, los ciudadanos europeos carecemos de patria. Y si queremos superar la amputación moral que padecemos por culpa de esta vergonzosa situación, nadie lo hará por nosotros: habremos de construir por nuestra cuenta un espacio de decisión cívica con capacidad política soberana. Nada podemos esperar de los políticos profesionales actuales, casta colonial corrupta al servicio del capital financiero con sede en Nueva York. Sin embargo, el germen institucional de esa patria ya existe en cuanto realidad objetiva y se llama Parlamento de Estrasburgo. La construcción de Europa es así en primer lugar un proceso subjetivo y a la vez colectivo de autoconciencia que debe manifestarse como voluntad política nacional europea. En este contexto, todo sentimiento nacionalista orientado a fomentar el odio de un pueblo europeo contra otro pueblo europeo es una traición llana y simple a la única patria que reconocemos. Los nacionalismos, que en el pasado inmediato ya nos condujeron a la destrucción y a la ruina, pugnan ahora por mantenernos encadenados al laberinto de la división tribal, es decir, del sometimiento y la humillación política frente al poder imperial incontestable de los EEUU. Este hecho es tanto más indigno cuanto más patente se hace la superioridad económica, demográfica y cultural que, frente al enemigo americano, ostenta Europa como cuna y epicentro de la modernidad.

Por todo ello propugnamos la necesidad de un proyecto de nuevo cuño que, respetando las idiosincrasias culturales de los pueblos europeos e incluso los legítimos sentimientos de amor a lo propio -los cuales no deben confundirse con el rechazo y el desprecio del vecino-, anteponga la exigencia de unidad de dichos pueblos a unas mezquinas pugnas internas que empujan a los ciudadanos europeos al ostracismo político y, en último término, a la desaparición pura y simple de esos mismos pueblos tan orgullosos de sus obsoletas diferencias nacionales.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Cultura Alternativa X


Jordi de la Fuente (1986).

El Estado, Antítesis del Proceso de Globalización.

Globalización y Estado.

[…]

Actualmente se discute que el papel del Estado, y más en concreto el del Estado-nación, está en declive. Las razones para corroborar esta afirmación residen en la naturaleza de la Globalización: la Transfronterización, el Cosmopolitismo Universal y el Gobierno Supraestatal, es decir, la negación de los tres elementos puros del Estado: Territorio, Población y Gobierno. En este sentido, cabe analizar los nuevos alter-elementos generados:

- Transfronterización: la Globalización se caracteriza por una relación física tan conocida como la de la velocidad igual a espacio entre tiempo (V = E/T). Significa que, a un mayor espacio que abarca la Globalización como fenómeno económico, cuanto más se expande el mercado mundial capitalista hacia nuevos Estados y regiones, y a un menor tiempo, todo ello facilitado por el avance impresionante de las tecnologías y las telecomunicaciones, la velocidad aumenta de una forma espectacular. De esta forma afirmamos que la Globalización es cada día más rápida y que su espacio es mayor ante la eliminación de aranceles comerciales, la internacionalización de los mercados de las finanzas, el florecimiento de grandes empresas multinacionales “apátridas” cuya sede social se encuentra en el Estado donde más se vean favorecidos según tasas e intereses. Podemos afirmar que las fronteras se reducen a lo político estrictamente, y que chocan de lleno con el discurso humanista y cosmopolita siguiente.

- Cosmopolitismo Universal: lo que antes caracterizaba al Estado era el poder aglutinar en su interior a un conjunto de comunidades e individuos de origen idéntico o similar, cuando no distinto, pero que el Estado mismo se ha encargado de “hermanar” de manera que la identificación de sus posibles distintos grupos sociales de identidades etnoculturales se identifiquen con ese mismo proyecto político único. Hoy en día la realidad económica del Tercer Mundo obliga a sus habitantes a buscar la prosperidad en otras tierras distintas a las de origen, y esas “tierras prometidas” son los Estados del llamado Occidente. Esto crea un nuevo escenario de convivencia entre identidades antes estatales (caso español) o sub-estatales (como el caso catalán) e identidades foráneas completamente distintas a las recibidoras de nueva población. Ello, acompañado de un discurso de humanismo fraternalista, de “patria mundial” y de Derechos Humanos Universales, conlleva a la configuración de una nueva realidad que el Estado debe asumir, la homogeneización de nuevo de sus habitantes con la reincorporación de los recién llegados. Su Población ha sufrido una modificación que puede hacer replantear al Estado algunos aspectos de su Weltanschauung y del trato con sus siervos.

- Gobierno Supraestatal: aquí el Estado juega su última carta política exclusivamente, la de mantener su soberanía en ciertos ámbitos que definen su independencia y la salvaguarda de esta (el ejemplo más claro: la defensa). Ya que la economía está transfronterizada y las empresas nacionales tienen todas las que perder con empresas más competitivas ya “apátridas”, ya que la Población está en una fase de “asimilación” con nuevos habitantes de orígenes diversos, el Estado intenta por todos les medios mantener una posición de fuerza como actor internacional con voz y voto. El ejemplo más claro es la lentitud en el avance del Gobierno “mundial” de Naciones Unidas, en el que los Estados se resisten a ceder más competencias soberanas con tal de poder seguir manteniendo el rol de actor internacional y por ende poder ser sujeto de negociación en el ámbito que sea sin necesidad de consultar ni “pasar el filtro” de ninguna organización internacional. Caso distinto en este último aspecto es el de la Unión Europea, en el que el nivel de integración estatal es muy elevado, pero que sigue siendo insuficiente como para estar hablando de un único actor internacional.
Esta es la baza desesperada con la que juega el Estado para mantener el Poder, no ya en su interior, que lo sigue detentando, sino respecto a los demás Estados.

Según algunos autores, esta voluntad de manutención de soberanías claves viene a concluir que la Globalización no hace más que reforzar el papel de los Estados, pero observando los otros dos puntos anteriores, podemos constatar que es al contrario, que este aparente “reforzamiento” es sólo una reacción de supervivencia del Poder para no ser absorbido por uno mayor y más amorfo. Por eso, todo tratado, ley o acuerdo internacional que no haya sido realizado por una organización internacional sino por Estados independientemente, tiene todos los puntos para ser un texto de refuerzo individual del papel del Estado en la esfera de la política, la economía y del Poder.

Existen a partir de aquí dos visiones enfrentadas de cómo el Estado puede sobrevivir a la Globalización.
La primera consiste en el fortalecimiento de los actuales Estados-nación, de la reafirmación de su soberanía por encima de todo acuerdo, lo que comporta a una situación tensa entre Estados geográficamente cercanos y recordando una situación parecida a las del siglo XIX y XX. Esta visión chauvinista del Estado se resiste a abandonar el comportamiento exclusivista y debilitante respecto a unos Estados-potencia que tienden a engullir a los pequeños en organizaciones, tratados y alianzas antinaturales que acaban por convertir a los Estados exclusivistas en meras colonias de algún aspecto – o de todos – de la gran potencia ( lo militar, lo económico, lo cultural ).
Por otro lado está la concepción de las “Grandes Patrias”, esta es, la de la creación de bloques geopolíticos unidos bajo una forma de Estado único y descentralizado que propicie la aparición de una competencia “de igual a igual” de estos bloques con los Estados-potencia. Estos bloques podrían corresponder a la América central y del sur, al subcontinente indio, África subsahariana, la “Nación Islámica” africano-asiática, y la Europa unida a Rusia – otras teorías dentro de este bloque abogan por la unión de Eurasia al completo-. Esta visión que esgrimen pensadores que asesoraron desde a Hugo Chávez hasta Vladimir Putin (como Norberto Ceresole y Alexander Duguin, respectivamente) intenta buscar un freno al super-desarrollo de los EE.UU. y de China como los dos grandes Estados-potencia que, de no surgir estas nuevas uniones continentales, marcarían a voluntad el destino de los pueblos del mundo tal y como sucedió en la Guerra Fría entre los mismos EE.UU. y la U.R.S.S., en distintas condiciones. Sería una unión bastante inspirada en la idea de IMPERIVM romano más que en una unión federal clásica al estilo norteamericano. Se hablaría pues de crear “supernaciones” con un Territorio, una Población y un Gobierno de grandiosas dimensiones pero justamente antiglobalizadoras en el sentido del respeto total hacia las identidades que componen estas nuevas formas, esto es, que el combate identitario sea el cuadrilátero sobre el que se enfrentarán las potencias, la homogeneización globalizadora frente la heterogeneidad identitaria. No sería una simple unión geográfica, sino estratégica, controlando las vías directas de comunicación marítimas y terrestres entre zonas geográficas cuya Población es más o menos “homogénea”1.

Para concluir con este capítulo, cabe decir que la Globalización se ha convertido en el enemigo principal del Estado si busca su supervivencia intemporal, habiendo sido este mismo fenómeno mundial un hijo “indeseado” del mismo Estado que se emparejó con el sistema económico capitalista. El capitalismo, irremediablemente, por su propia naturaleza que necesita expandir el mercado, su oferta y su demanda, cada vez a más número de oferentes y demandantes para poder sobrevivir, ha engendrado al fenómeno de la Globalización, en la idea subyacente de progreso infinito que va ligada a la de capitalismo. Es así como el Estado se ha topado con el obstáculo que le hará redefinir su propia naturaleza y decidir qué camino debe tomar para su supervivencia como organismo independiente y soberano de sí mismo: si un recorrido en soledad y en plena competencia con multitud de Estados similares – desembocando irremediablemente en nuevos conflictos que no pueden hacer más que reforzar a los grandes Estados-potencia – o bien la unión de selectos Estados con unas necesidades similares alrededor de unos nexos, sean estos identitarios o sean geoestratégicos puramente, en grandes bloques geopolíticos capaces de competir con los Estados-potencia que imperarán en el mañana.

1 No es del todo correcta esta expresión. Puede existir afinidad entre Poblaciones, como es el caso europeo y de la “Nación Europea” por su origen mayoritariamente común – indoeuropeo – y su raíz cultural y social basada en estructuras muy parecidas y que realmente partieron de una misma forma tribal organizativa. También es el caso de la “Nación islámica”, fundamentalmente por la conservación del factor religioso y por su capacidad aglutinante que aún conserva, pese a los intentos de EE.UU. de desestabilizarlo con alianzas entre Estados como Marruecos, Egipto o Arabia Saudí y EE.UU. El caso centro-suramericano tiene que ver con su pasado colonial y la necesidad estratégica por encima de cualquier pauta cultural, que también existe, común. El subcontinente indio es sumamente grande, homogéneo y contenedor de la política china y por ello mismo es justificable. El África subsahariana es eminentemente de tradición muy particular y su unión estaría ligada a un criterio de homogeneidad de grandes rasgos identitarios y de necesidad total frente a la agresión de las demás potencias, siendo este área especialmente vulnerable en sus comienzos. De todas formas, esta discusión teórica puede carecer de peso en el momento que hablamos de Realpolitik y juegos de diplomacias.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Cultura Alternativa IX


Jean Thiriart (1922-1992).

La Europa-Estado y la Europa-Nación se Formarán contra los USA.

La Europa que Deberemos Formar Nosotros Mismos.

La Europa regimista falla en la construcción de Europa, ya sea por las segundas intenciones de los pequeño-nacionalistas, ya sea por lamerle la mano a los americanos. Nosotros deberemos hacer a Europa, hacerla nosotros mismos. La cosa ha llegado hoy a ser evidente: Europa ha sido un pretexto de los políticos para hacerse valorar. Cada uno ha considerado lo que podía sacar de Europa, para él como publicidad o para su país como una ventaja económica egoísta. Con calculadas artimañas, desde mentiras hasta hipocresías, la Europa oficial está ahora en un callejón sin salida. Lo está porque sus promotores no tenían la voluntad de hacerla. En el mejor de los casos, algunos tenían un vago y piadoso anhelo.

Así pues, vamos a tener que hacer nosotros mismos a Europa […]

viernes, 5 de diciembre de 2008

Cultura Alternativa VII


Ernst Jünger (1895-1998).

La Tradición.

Tradición: para una estirpe dotada de la voluntad de volver a situar el énfasis en el ámbito de la sangre, es palabra fiera y bella. Que la persona singular no viva simplemente en el espacio. Que sea, por el contrario, parte de una comunidad por la cual debe vivir y, dada la ocasión, sacrificarse; esta es una convicción que cada hombre con sentimiento de responsabilidad posee, y que propugna a su manera particular con sus medios particulares. La persona singular no se halla, sin embargo, ligada a una superior comunidad únicamente en el espacio, sino, de una forma más significativa aunque invisible, también en el tiempo. La sangre de los padres late fundida con la suya, él vive dentro de reinos y vínculos que ellos han creado, custodiado y defendido. Crear, custodiar y defender: esta es la obra que él recoge de las manos de aquéllos en las propias, y que debe transmitir con dignidad. El hombre del presente representa el ardiente punto de apoyo interpuesto entre el hombre pasado y el hombre futuro. La vida relampaguea como el destello encendido que corre a lo largo de la mecha que ata, unidas, a las generaciones... las quema, ciertamente, pero las mantiene atadas entre sí, del principio al fin. Pronto, también el hombre presente será igualmente un hombre pasado, pero para conferirle calma y seguridad permanecerá el pensamiento de que sus acciones y gestos no desaparecerán con él, sino que constituirán el terreno sobre el cual los venideros, los herederos, se refugiarán con sus armas y con sus instrumentos.

Esto transforma una acción en un gesto histórico que nunca puede ser absoluto ni completo como fin en sí mismo, y que, por el contrario, se encuentra siempre articulado en medio de un complejo dotado de sentido y orientación por los actos de los predecesores y apuntando al enigmático reino de aquéllos de allá que aún están por venir. Oscuros son los dos lados, y se encuentran más acá y más allá de la acción; sus raíces desaparecen en la penumbra del pasado, sus frutos caen en la tierra de los herederos... la cual no podrá nunca vislumbrar quien actúa, y que es todavía nutrida y determinada por estas dos vertientes en las cuales justamente se fundan su esplendor sin tiempo y su suprema fortuna. Es esto lo que distingue al héroe y al guerrero respecto al lansquenete y aventurero: y es el hecho de que el héroe extrae la propia fuerza de reservas más altas que aquéllas que son meramente personales, y que la llama ardiente de su acción no corresponde al relámpago ebrio de un instante, sino al fuego centelleante que funde el futuro con el pasado. En la grandeza del aventurero hay algo de carnal, una irrupción salvaje, y en verdad no privada de belleza, en paisajes variopintos... pero en el héroe se cumple aquello que es fatalmente necesario, fatalmente condicionado: él es el hombre auténticamente moral, y su significado no reposa en él mismo únicamente, ni sólo en su día de hoy, sino que es para todos y para todo tiempo.

Cualquiera que sea el campo de batalla o la posición perdida sobre la que se halle, allí donde se conserva un pasado y se debe combatir por un futuro, no hay acción que esté perdida. La persona singular, ciertamente, puede andar perdida, pero su destino, su fortuna y su realización valen en verdad como el ocaso que favorece un objetivo más elevado y más vasto. El hombre privado de vínculos muere, y su obra muere con él, porque la proporción de esa obra era medida sólo respecto a él mismo. El héroe conoce su ocaso, pero su ocaso semeja a aquel rojo sangre del sol que promete una mañana más nueva y más bella […]



viernes, 21 de noviembre de 2008

Cultura Alternativa V

José Luis Ontiveros (1954).

Conquista del Poder y Metapolítica.

3. Cultura Alternativa y Metapolítica.

[…]

Llego, por fin, al centro de esta propuesta: la cultura del gesto y del estilo, la cultura alternativa. ¿En qué consiste? No en un censo sobre las lecturas realizadas, por lo general, sumamente deprimente. Se leen los bestsellers, pero nadie a los clásicos, ni al Siglo de Oro, ni siquiera a Dostoyevski, Stendhal o Vasconcelos.

Se trata de que las ideas que se tengan, las ideas medulares sobre la existencia, el sentido propio de la vida encarne en ella y se manifieste como la última verdad, la irreductible a los asaltos de los poderes mediáticos y gregarios.

“El estilo es el hombre”. Una cultura que no define un estilo de vida, que oscila entre el neomaterialismo, el hedonismo. El deslizamiento permanente del criterio conduce irremediablemente a lo que Braudillard ha calificado como la “indiferencia radical”. El reino de los muertos vivientes galvanizados por la ganancia, la posición, la utilidad y el cálculo. El desarme de las ideas. El pacifismo de los idiotas. De ahí la necesidad de construir interiormente una forma de ser, una tensión interior, una definición entre nuestro ser y el mundo externo.

Se requiere construir el castillo de los sueños, pues desde Calderón de la Barca sabemos que “la vida es sueño y los sueños, sueños son”. Más tenemos que ser capaces de crear un sueño, perfilarlo, trazarlo a cincel sobre nuestra alma y encarnar la verdad propia de la estirpe, de la herencia, de la cultura y de la Tradición.

Esta es la cultura del estilo que se define en divisas como “nobleza obliga”, “nobleza calla”, “la fidelidad es más fuerte que el fuego”, y todo para “mantenerse en pie en un mundo en ruinas”, de tal manera que como indica Evola, “lo que no podamos cambiar, no debe tener la fuerza para dañarnos”. Al término de la era de las masas, en el crisol de la época del individualismo narcisístico, el camino, la vía, el do es personal.

Por otra parte, la cultura alternativa en un pueblo estriba en un reencuentro con sus raíces, y en esa dimensión, adquiere la connotación de una rebelión contra la civilización posmoderna y desmontable, para afirmarse como el destino y la exigencia de un linaje.

La cultura alternativa lleva a la metapolítica, ¿y qué es la metapolítica? El conjunto de principios de la conducción de las sociedades que está por encima de los intereses de los partidos y que no tiene como objeto la conquista del poder material.

La metapolítica es una lucha por el dominio de los valores, los que entiende Gramsci como “el sentido común de la sociedad”. De ahí que sea necesariamente metapolítico todo combate que sobrepase la egolatría tripuda de los profesionales de los posicionamientos como la abulia suicida de una juventud amorfa inoculada por la usura y la “americanósfera”.

Por ello no se pueden dar recetas para colectivos. Se trata de una obra personal, que no individualista, en que como señalan San Pablo de Tarso y Séneca debemos hacer nacer “el hombre nuevo” para abandonar al “viejo”. Esta es una revolución silenciosa del sentido de la propia existencia.

Cuando la metapolítica se une al inconsciente colectivo de una comunidad, entonces, hay una fuerza que recorre todo el cuerpo social, un poder transfigurador que hace cumplir el destino superior, la misión intransferible, la ética exigente de una minoría que llena su alma con su pueblo y desafía las verdades impuestas por el aparato neocolonial planetario.

“Llega a ser lo que eres”, dice Píndaro y “sé un anhelo de flecha”, afirma Nietzsche. Sé “flor y canto” y entona “cantos de guerra”, asevera la tradición azteca. Sé el “Águila de Septentrión”, canta Sor Juana.

En las raíces no occidentales, “bárbaras” en el sentido de los valores que son un para sí, está la respuesta a la creación de una cultura alternativa […]