lunes, 22 de junio de 2009

Rafsanyani es el hombre que dirige en la sombra el movimiento reformista

• Mantiene un duro pulso por el poder con Jatami y Ahmadineyad.

Rafsanyani votando el día de las elecciones junto a una foto de Jomeini. Foto: STP

KIM AMOR BARCELONA El Periódico

Nadie duda en Irán de que es el expresidente Ali Akbar Hachemí Rafsanyani el que mueve los hilos de la movilización popular que respalda al reformista Mirhusein Musavi. La crisis ha reforzado la alianza entre estos dos políticos, que participaron activamente en la revolución islámica y que mantuvieron estrechos lazos con el gran ayatolá Jomeini, padre de la República Islámica. El tándem Rafsanyani–Musavi se ha convertido en el peor enemigo de los ultraconservadores, liderados por el Guía Supremo, el ayatolá Ali Jamenei, el hombre fuerte del régimen, y el Mahmud Ahmadineyad.

La pugna por el poder que libran estos dos sectores, que defienden concepciones bien distintas de cómo dirigir la República Islámica, es visible hoy, más que nunca, en las calles de Teherán. Ayer se informó de la detención de cinco familiares de Rafsanyani por participar en las protestas, entre ellas una de sus hijas, Faezah, una conocida activista política que apoya a Musavi.

De 74 años, Rafsanyani, que fue presidente de 1989 a 1997 y que perdió las elecciones del 2005 frente a Ahmadineyad, sigue siendo uno de los hombres más influyentes del país. De momento, desde que estalló la crisis hace más de una semana, guarda un misterioso silencio.Preside dos poderosos organismos del régimen: el Consejo de Discernimiento, que actúa de árbitro entre el Consejo de Guardianes de la Constitución y el Parlamento, y la Asamblea de Expertos, que elige al sustituto del Guía Supremo en caso de fallecimiento o incapacidad. Se hizo con la dirección de la Asamblea en marzo, tras derrotar por siete votos al candidato de Ahmadineyad.

Rafsanyani, hombre de ideas conservadores, pero moderado y pragmático, es el precursor del reformismo en Irán. A diferencia de los ultraconservadores, apuesta por disminuir la presencia de la religión en la sociedad, defiende la economía de mercado y la mejora de las relaciones con occidente, incluido EEUU.

El expresidente es un hombre inmensamente rico –se le conoce como el rey del pistacho– y sus tentáculos financieros han penetrado en varios sectores de la economía. Ahmadineyad le ha acusado de corrupción y de intentar dinamitar su Gobierno. El actual mandatario se ha encargado de apartar del aparato del Estado a los hombres de Rafsanyani, al tiempo que ha reforzado su alianza con el cuerpo paramilitar de los Guardianes de la Revolución y los basijs, la milicia islámica, cuyos miembros se han enriquecido durante estos últimos cuatro años.

En esta crisis la batalla se está librando en la calle y en las altas esferas del poder. Falta saber ahora quién ganará la guerra.