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sábado, 13 de noviembre de 2010
miércoles, 27 de octubre de 2010
Celebración organizada por AJ
El próximo sábado 30 de octubre de 2010, Alternativa Joven organiza una fiesta en un céntrico y conocido bar de copas de la capital de España, donde se podrán degustar bebidas espirituosas y licores de la tierra, acompañados de la mejor música española de las últimas décadas y en un inmejorable ambiente de amistad y camaradería. Contamos con vuestra presencia.
Info en: aj@msr.org.es
viernes, 29 de mayo de 2009
El legado de Isaac Albéniz
En el 149 aniversario del nacimiento de Isaac Albéniz (1860-1909), queremos recordar su música a través de aquellos que nacieron tras él, nuestros contemporáneos.
Francisco Guerrero (1951-1997), para quien Iberia era “la más grande obra española de los últimos cien años… una música suntuosa, fabulosa, una extraordinaria obra maestra de una riqueza inagotable”, asumió el reto que incluso Albéniz rechazó: orquestarla.Pero la muerte ronda la maravilla del piano. Si Albéniz compuso la suite Iberia poco antes de morir, con la salud quebrantada y entre sufrimientos, la muerte sorprendió de manera repentina a Guerrero cuando llevaba orquestados –en este orden- El Albaicín, Jerez, Corpus Christi en Sevilla, El Polo, Málaga y Almería, y, en palabras de su viuda, Susana Cermeño, recogidas por Stefano Russomanno, se preparaba para acometer la orquestación de El Puerto.
Nos dejó de ellas una orquestación brillante, muy superior a las tentativas anteriores de Fernández Arbós o Suriñach, en la que la riqueza inagotable de las obras no sólo gana color, sino energía, al tiempo que avanza hacia un nuevo siglo a través de los recursos orquestales propios de Guerrero.
Cristóbal Halffter (1930) se atrevió sólo con la orquestación de Eritaña, si bien la página en recuerdo del pianista Arthur Rubinstein, titulada El ser humano muere solamente cuando lo olvidan (1987/93), supone un emotivo guiño a la suite Española de Isaac Albéniz.La pieza nace con las notas aisladas del olvido, lejanas, nostálgicas, imprecisas... distintas líneas se superponen, distintas velocidades, los recuerdos avanzan ruidosamente y, cuando el recuerdo parece ser sólo caos, aparece nítidamente el recordado: Albéniz. Córdoba se dibuja lenta en la memoria, pero el recuerdo se desvanece bruscamente, se diluye hasta devolvernos al silencioso olvido: la muerte.
Esperamos que disfrutéis de las distintas piezas que hemos puesto a vuestra disposición:
Esperamos que disfrutéis de las distintas piezas que hemos puesto a vuestra disposición:
Discover Alberto Rosado!
Samuel García Vargas
lunes, 18 de mayo de 2009
Isaac Albéniz: pasión por España

En el centenario de la muerte del genial compositor español Isaac Albéniz (nacido en Camprodón, Gerona, el 29 de Mayo de 1860, y muerto en Cambo-Les-Bains, Aquitania, el 18 de Mayo de 1909), queremos transcribir la crítica que Enrique Franco escribió para la suite Iberia y que se puede leer en el libretto de la versión interpretada por el pianista Esteban Sánchez y editada por el sello discográfico Ensayo.

Iberia: la maravilla del piano
No fue la suite Iberia el único legado de Albéniz, sí el más valioso, original y trascendente. Pocas obras valen en música lo que El Albaicín, escribe Claude Debussy en 1913. Unas décadas después opina Olivier Messiaen: “Iberia es la maravilla del piano y tiene un lugar –quizás el más elevado- entre las estrellas más relevantes del instrumento-rey por excelencia”. El crítico Claude Rostand, en 1950: “Es la obra maestra de las obras maestras de Albéniz”.
No fue la suite Iberia el único legado de Albéniz, sí el más valioso, original y trascendente. Pocas obras valen en música lo que El Albaicín, escribe Claude Debussy en 1913. Unas décadas después opina Olivier Messiaen: “Iberia es la maravilla del piano y tiene un lugar –quizás el más elevado- entre las estrellas más relevantes del instrumento-rey por excelencia”. El crítico Claude Rostand, en 1950: “Es la obra maestra de las obras maestras de Albéniz”.
A lo largo de las doce piezas que componen los cuatro cuadernos de Iberia, Albéniz, genialmente, evoca una España ideal y, al mismo tiempo, la España real que cruzó y vivió de punta a punta. No he visto destacado un hecho que se me antoja importante: cuanto Albéniz evoca en sus “nuevas impresiones” son rincones o paisajes que ha conocido. Absorbe en sus pentagramas la potencia rítmica y los fascinantes colores de su España, de modo muy especial la de la región meridional, pues, no en vano, el compositor se sintió compañero de los pintores españoles de su época: Rusiñol, Zuloaga, Regoyos, etc.
Con todo, esta Iberia incomparable que inicia y, en muchos aspectos, culmina el nacionalismo musical ibérico, tiene en cuenta el dato popular muy raras veces, del mismo modo que casi nunca cedió Albéniz a la tentación de describir, narrar o pintar. La España de Albéniz es una España honda, esencial por mucho que crepite el barroquismo andaluz de su escritura. No hay vértigo en los tempi, ni exageración en la dinámica. Y a propósito de estos rasgos, conviene recordar una anécdota narrada por el director André Messager a Francis Poulenc: “una tarde, en casa de Vincent D’Indy, Chabrier había tocado para Albéniz su Rapsodia España. Por ciertos aspectos –la barba, lo campechano, la truculencia, la generosidad- los dos músicos se asemejaban y, sin embargo, diferían profundamente.
Cuando Chabrier se levantó del piano, después de haber tocado con arrebatado vuelo su genial españolada, se vio a Albéniz acercarse al piano para interpretar música suya con más calma que de costumbre, casi con austeridad”. Sobre su Granada escribe Albéniz, desde su residencia en la Alhambra, a su amigo Moragas: “alejémonos de la visión que tienen muchos de Granada contemplándola a través de las ‘bailaoras’ que expanden por el tablao el amplio vuelo almidonado de la gran cola del vestido de batista. Granada no es eso, amigo Moragas, y la Granada que yo pretendo dar a conocer a mis paisanos los catalanes debe ser, en este momento, todo lo contrario. Quiero una Granada árabe, la que toda es arte, la que toda me parece belleza y emoción y la que pueda decir a Cataluña: sé mi hermana en arte y mi igual en belleza”. Por eso cantó Juan Ramón Jiménez a Isaac Albéniz con acentos profundos y antipintorescos:
“Tú que dejaste mi alma con tu son tantas veces
clara y estremecida,
acoge esta guirnalda que cuelgo en tus cipreses,
de rosa de mi vida.”
clara y estremecida,
acoge esta guirnalda que cuelgo en tus cipreses,
de rosa de mi vida.”
Enrique Franco
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